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Los primeros días del CLI

Las nuevas normativas exigían que el operador monitorizase, midiese (con una técnica específica) y registrase todas las fugas del sistema. En poco tiempo, los operadores se dieron cuenta de que llevar a cabo esta tarea era muy complicado con sus equipos actuales, ya que la sensibilidad de los medidores de nivel de señal era insuficiente para medir 20 uV/m incluso a 10 pies, así que era mucho menos posible que fuesen capaces de realizar la detección en la calle o bajo el suelo. Para esas mediciones cercanas, se añadían externamente filtros y amplificadores a los medidores de nivel de señal, de modo que tuvieran suficiente sensibilidad para detectar una fuga de 20 uV/m, pero el sistema resultaba incómodo de manejar y no servía para nada a la hora de la monitorización. Otro problema para el operador surgió cuando el departamento de marketing se negó a que una portadora de pruebas ocupase un espacio del canal. Querían un servicio que se pudiese vender. Existía una gran demanda de ancho de banda.

Unos meses antes de que las normativas sobre el CLI entrasen en vigor, un producto conocido como Searcher Plus irrumpió en el mercado. Parecía resolver todos los problemas relacionados con las pruebas mencionados anteriormente y se convirtió en un activo muy valioso en la evaluación de las fugas. El producto consistía en un receptor sintonizado de cristal con un visor calibrado capaz de detectar valores de 2 uV/m y con un tono acústico variable que aumentaba de frecuencia a medida que se incrementaba el nivel de recepción. La unidad se vendía con un soporte para vehículos que se conectaba automáticamente a una antena externa empleada para la monitorización con vehículo. Para implementar la monitorización de fugas, el operador recorría el sistema en busca de posibles sonidos de fugas. Cuando el receptor sonaba, el operador se desplazaba hasta oír el pico de la señal, detenía el vehículo y se disponía a encontrar la fuente. El técnico retiraba la unidad del soporte del vehículo y lo fijaba a una antena dipolar y a un poste plegable de tres metros, y giraba la antena hasta que se oyese un sonido nulo. Los elementos de la antena apuntaban por lo general a la fuente de fugas. En esa dirección, el técnico colocaba el dipolo directamente bajo la fuga, si era posible, a unos tres metros de distancia, lo giraba lentamente y garantizaba la lectura del pico del medidor.

Esta técnica funcionaba bien, hasta la aparición de la radiación de microbrechas del tendido eléctrico. Para solucionar este problema, se añadía un circuito que detectaba la presencia del intervalo de supresión vertical (VBI) en una señal NTSC. Una vez que se detectaba, el circuito permitía que el tono acústico anunciase la fuga y que no sonase con otra radiación de ruido. Este circuito de post-detección permitía también, a través de su estrecho filtro, una sensibilidad del receptor considerablemente mayor en mediciones a mucha más distancia.

Todos estos avances se sucedieron en relativamente poco tiempo, pero eran solo el comienzo del largo camino de la innovación en tecnologías relacionadas con las fugas de señal de cable.



Más información acerca de las fugas de señal de cable de VIAVI.

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